Historia de Sète

Breve historia de Sète

 

Las primeras huellas del género humano en Sète se remontan a finales de la Edad de Bronce, más precisamente, del Bronce final II y III (1100-800 antes de nuestra era).

Hoy en día estos vestigios, descubiertos en 1973, se encuentran a dos metros bajo el agua en el Estanque de Thau, a lo largo del barrio de Barrou.


Se observan los vestigios de este hábitat en los mapas del siglo XVIII. Se sabe que esta zona todavía estaba habitada después de la conquista del sur de Galia por los romanos durante el Imperio.


Etapa comercial para las civilizaciones mediterráneas como Sicília, Italia y Grecia, la montaña de Sète servía de referencia geográfica. Referencia y refugio para los navegantes desde la edad antigua, esta colina siempre había sido un lugar apreciado hasta la construcción del puerto y la ciudad en el siglo XVII.
 

Hasta finales del siglo XVII, la colina estaba poco poblada, casi desierta. Solamente algunos pescadores de los pueblos vecinos perseguían hasta allí algunos bancos de peces en las orillas del estanque de Thau. El actual monte St. Clair servía también de refugio a los piratas de los cuales el más famoso fue Barbarroja.
 

A partir del siglo XVIII, la colina empezó a poblarse de pequeñas construcciones tipo cabaña, construidas con piedras secas, bautizadas con el nombre de "baraquettes" (barraquitas).

La tradición dictaba que los domingos, las familias subieran las laderas de la colina para pasar el día. Es una auténtica institución con sus tradiciones, historias y rituales a imagen de los cantantes de "baraquettes".

 

Para favorecer la exportación de productos del Languedoc, ya se había previsto el proyecto de creación de un puerto por Enrique IV que tomó la decisión el 23 de julio de 1596, pero el proyecto no prosperó por distintas razones.


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